Fascismo Sensible y Plan Andinia
Los recientes incendios en los bosques patagónicos generaron en internet un nuevo fenómeno al mezclar el caso de 2011 del incendio en Torres del Paine en Chile – efectivamente provocado por un turista israelí – con el contenido de un panfleto argentino apócrifo de 1971 adjudicado a un fascista que tuvo un rol importante en el surgimiento del peronismo. Desde la superficialidad de internet muchos argumentan que a Patagonia le puede pasar lo mismo que a Palestina. No hay con qué darle a conjeturas sueltas en el aire. Lo único que nos queda entonces es parar un momento y pensar “¿pero de dónde salió eso de Plan Andinia?”, y buscar fuentes serias fuera de las redes sociales. Si no buscamos las fuentes, teniendo toda la internet a disposición, ¿quién lo hará por nosotros?
Pero antes de hablar de fascismo es necesario una pausa. Porque diez años atrás cualquiera podía decirle “fascista” a un político de derecha, o incluso de centro si se lo odiaba lo suficiente. Pero ahora que el fascismo se manifiesta cada vez más, surgen quejas de que “ah bueno, entonces todo es fascismo”. Claro, mientras la ignorancia habilitaba entenderlo como sinónimo de extrema derecha no había problema, pero en la medida que el fascismo real revela sus similitudes con la izquierda, ya a muchos no les gusta tratar el tema con nombre y apellido. Zambullámonos, pues, en aguas poco conocidas.
El fascismo, hace tiempo que hemos pensado que era una poesía, y la poesía misma del siglo XX (con el comunismo, sin duda). Afirmo que eso no puede morir. Los chicos que serán muchachos de veinte años más tarde, se enterarán con oscura admiración de la existencia de esa exaltación de millones de hombres, los campos de juventudes, la gloria del pasado, los desfiles, las catedrales de luz, los héroes inmolados en el combate, la amistad entre las juventudes de todas las naciones de pie, José Antonio [Primo de Rivera, líder de la Falange española], el fascismo inmenso y rojo... Todo eso puede ser vencido aparentemente por el liberalismo, por el capitalismo anglosajón; eso no morirá más de lo que murió la revolución del 89 en el siglo XIX, a pesar del retorno de los reyes. Y yo, que en estos últimos meses desconfié tanto de tantos errores del fascismo italiano, del nacionalismo alemán, del falangismo español, afirmo que jamás podré olvidar la irradiación maravillosa del fascismo universal de mi juventud, el fascismo, nuestro mal del siglo".
(Robert Brasillach, "Carta a un soldado de la Clase 60", 1945).

Venimos diciendo, hace un par de años, que es importante buscar en los fascistas la definición de “qué es el fascismo”. No pensaríamos distinto para buscar entender el marxismo, el liberalismo, pero con el fascismo para muchos parece ser diferente, ¿por qué? Como en un contexto tribal o de hinchadas de futbol, el “espíritu antifascista” nos lleva a abominar de todo lo que es el fascismo desde las vísceras, con lo cual la lectura de textos fascistas nos debería generar arcadas y dolor en los ojos. Ver al fascismo como un enemigo militar a ser aplastado es la herencia estalinista, el orgullo de haber vencido una guerra basada en la industria pesada, de vengarse de la barbarie perpetrada contra la población de los territorios ocupados en el Este. Pero en esta herencia nunca se trató de entender qué era el fascismo en términos ideológicos. Clara Zetkin remarcó ese peligro en un informe presentado a una reunión de la Tercera Internacional, en 1921, y recomendó no organizar la lucha contra el fascimo simplemente como una disputa de fuerzas de choque sino como una lucha también ideológica, porque la base social del fascismo y de los partidos obreros revolucionarios se solapaban. Además, el auge del fascismo era fruto de la derrota de la revolución, era una frustración de quienes confiaron en los partidos socialistas y socialdemócratas y se vieron defraudados por sus políticas centristas. Para los exaltados, para aquellos a quien la única solución era un cambio radical, mítico, fruto de la cólera de las masas, la revolución encontraría otros caminos por donde irrumpir:
Ahora bien, eligióse al fascismo [como blanco de ataques] por haber sido el primero en conquistar el Estado y ejercitar una política que conjugaba, en acabada simbiosis, a la tradición y la revolución. (Vicente Gonzalo Maria Massot, “La Obsesión del Fascismo”, Revista Cabildo n. 10, 1974)

Robert Brasillach, fusilado a los treinta y cinco años en 1945 por haber colaborado con la ocupación nazi en Francia, aparece en la novela de Jorge Asis “Lesca, el fascista irreductible” como el que apoda y valida al protagonista argentino, Lesca, en los círculos fascistas de Paris. Es el autor de la cita que abre este texto y es también homenajeado en la edición de la revista Cabildo donde se encuentra la cita posterior. Su fusilamiento fue tratado por fascistas y filo-fascistas del resto del mundo como una barbarie injusta cometida por los hipócritas que “limpiaron la casa” después del fin de la guerra. Brasillach era amigo y cuñado de otro literato fascista francés, Maurice Bardèche, que en 1961 escribe un libro titulado con una pregunta “Qué es el Fascismo?” Lo responde:
El fascismo siempre corre el riesgo de ser sentimental, generoso, arrebatado, cualidades y defectos del jacobinismo. Se indigna, se subleva, se quiebra: es esencialmente un movimiento de masas y no un método teórico. Por eso no tiene, como el comunismo, una clientela natural: no es el partido del proletariado o del campesino o de cualquier otra clase. Es el partido de la nación en cólera. (Maurice Bardèche, “Qu’est-ce que le fascisme?”, 1961)
Así llegamos al Plan Andinia, un panfleto apócrifo de 1971 que Wikipedia indica como autor a Walter Beveraggi Allende. Cuando era vicepresidente del Partido Laborista lo detienen, junto a Cipriano Reyes, el principal líder sindical del país y presidente del partido, acusados con otros más de un plan para asesinar a Perón y Evita, en el año de 1948. Beveraggi Allende es un católico nacionalista, un fascista “a la francesa”, elitista, y con un solo golpe Perón logró descabezar al sindicalismo autónomo y a la competencia “civil” dentro del campo fascista. El fascismo populista “a lo milico” se impone sobre el romanticismo letrado. Acusado de traidor y “antiperonista”, al autor del panfleto se exilia y continúa su militancia católica nacionalista por caminos académicos. Desde el sentimiento del fascismo universal, aquél de la juventud de Brasillach, Beveraggi Allende nos habla de una conspiración en curso en aquellos conturbados principios de los años 70:
La profunda penetración comunista en el gobierno argentino y en todas sus instituciones fundamentales no es una casualidad, ni tampoco un plan aislado; no es una confabulación reciente, ni tampoco improvisada, sino que es un plan científicamente concebido, coordinado internacionalmente. Su planificación minuciosa —podemos comprobarlo— parte de 1882, su estudio y puesta en marcha de 1897, en el Congreso Mundial Judio en Basilea (Suiza), y aquí se aprobaron dos planes concebidos por el judío León Pinsker en su libro Autoemancipación y en segundo término por el judío Teodoro Herzl en su libro El Estado judío, ambos consistentes en crear dos Estados judíos, es decir: 1) Crear un Estado judío de las posibilidades prácticas en América, tomando a la Argentina como primer objetivo. Con tal motivo, de inmediato se emprendieron las siguientes acciones: a) el comienzo de la inmigración en masa; …

En resumen: la nación está en peligro por la amenaza judeo-bolchevique-montonero-queer, es necesario un partido de la nación, hay que indignarse y poner en pie ese gigante adormecido, la nación en cólera, llamados por Soberanía Nacional, un nuevo florecer de la juventud patriótica que encuentra su fuerza en el combate “defensivo” contra la amenaza apátrida, etc. Combativos nos quieren porque necesitan la cólera, necesitan movilizar las masas y azuzarlas en nombre de una purificación, extracción de elementos extraños del cuerpo y del suelo nacional. No tanto por quienes sean los extraños, bichos apátridas, sino por la refundación nacional y el fin de la corrupción democrática. Por eso judíos, bolcheviques, globalistas, masones, cualquier cosa sin patria sirve para los propósitos de encolerizar el pueblo desde lo más profundo del sentimiento nacionalista.
El Plan Andinia es una creación del “fascismo sensible”: el fascismo soñado y vivido como una poesía, como un “vivir peligrosamente”, como una estetización de la política. Reproduce el antisemitismo existencial y anticomunista tan típico de la Europa del fascismo universal de la juventud de Brasillach. Refrito en 2026 con los mismos propósitos, es pan para el público de internet ávido por contenidos polémicos.