Mientras no morimos

Tres ciudades brasileñas

Río de Janeiro

De 1763 a 1960, Río de Janeiro fue la capital de Brasil. Los rasgos imperiales de la Ciudad Maravillosa son notables para cualquiera que camine por el Centro y por los primeros barrios de la Zona Sur: estatuas, edificios, plazas conmemorando algo que ya no existe. Esos barrios están poblados por gente plebeya, entre mendigos, trabajadores informales, oficinistas y comerciantes, acelerados por el ritmo de los autos, motos y bicicletas que cruzan y avanzan a alta velocidad con un constante bocinazo. Hay un superávit de sociabilidad; todos pueden hablar con todos y,efectivamente, eso se da así. Un hombre no tan visiblemente borracho se desequilibra al frenarse el metro, lo ayudan pero también se ríen; "¿a quién no le ha pasado?". Todos los días puede amanecer un carnaval en Río. Al dejar de ser capital, el vacío de poder fue ocupado por las fuerzas de seguridad, el narcotráfico y, más recientemente, por las milicias parapoliciales y las facciones criminales, que se parecen mucho. La gente siguió con sus vidas.

Los siglos de capitalidad generaron las condiciones para que Río fuera el gran emisor de cultura nacional, hacia el extranjero pero también hacia los demás territorios brasileños. Carmen Miranda, con su baile y su sombrero de frutas, es el Gardel de los trópicos. Todavía en los años noventa, las famosas telenovelas nacionales eran producciones hechas en Río, con actores cariocas, que intentaban representar para todo Brasil lo que era la sociedad brasileña, de la mano del grupo mediático Globo.

Para representar esa ciudad, elijo la película O que é isso, companheiro?, historia del secuestro del embajador estadounidense realizado por un pequeño grupo de lucha armada brasileña en el 69 en Río. Mención especial para la manera en que liberan al embajador después de la negociación.




São Paulo

El monstruo São Paulo que hoy conocemos es fruto de un fuerte proceso de industrialización en los años cincuenta y sesenta. Primero aldea de curas, punto logístico de las expediciones bandeirantes (rudos cazadores de indios y riquezas), llegó a tener una importante facultad de derecho. Conoció la prosperidad con el cultivo del café, generando grandes fortunas de familias que fueron comprando caserones en la vía principal de la cresta cercana al centro de la ciudad, la Avenida Paulista. Ese dinero eventualmente se vio forzado a volcarse a la industria nacional por distintos motivos, y de ahí nacieron figuras como Francisco Matarazzo, empresario símbolo de ese nuevo alba de São Paulo con sus industrias, sus avenidas llenas de autos, un enorme aflujo de personas de otros países y del noreste del país.

São Paulo tiene vocación para la ética protestante, para el trabajo solitario de choferes y repartidores de aplicaciones, mordiendo el asfalto por 10, 12 o quien sabe cuántas horas por día. El que manejaba el Uber comentó sobre la tienda de autos eléctricos chinos. Dijo que el que había hecho los autos eléctricos primero fue Elon Musk, genio en la vanguardia, pero Lula se había peleado con él, entonces quedamos con los chinos. ¿Y con Milei allá, cómo va todo?, me pregunta. Ni me meto. Además, en la ciudad hay también una réplica "en escala real" del Templo de Salomón. Ese zigurat de cartón le disputa al edificio del Museo de Arte de São Paulo el título de edificio más representativo de la megalópolis.

Para representar esa ciudad, elijo la película São Paulo S.A., un documento de época sobre una ciudad transmutada por el aflujo desmedido de cosas, de gente, de capital.




Brasilia

La mitología brasiliense reza que la ciudad había sido profetizada por Don Bosco, en un sueño que tuvo una noche del siglo XIX. Diferentes brasileños habían tenido la idea de crear una capital monte adentro, protegida de los ataques marítimos. Sin embargo, fue el espíritu del desarrollo económico y no la acción militar lo que trasladó los planos hacia la realidad. Los comunistas Lúcio Costa y Oscar Niemeyer idearon una ciudad en las nubes, en forma de un pájaro o aeronave, y dirigieron su construcción en la época en que estuvieron más cerca el desarrollismo y el comunismo; ni los yanquis ni los militares se veían incomodados por eso, todavía.

Los barrios de las "supercuadras" son una mezcla de parque y vivienda. La Explanada de los Ministerios y la Plaza de los Tres Poderes inspiran los sentimientos más ufanistas de la civilización brasileña, un sueño modernista que busca a un pueblo. Pero ese pueblo no habita en Brasilia. En Brasilia los habitantes hablan de concursos públicos, diseñados para seleccionar la élite de los trabajadores y atraerlos a las dependencias del Estado. Élite en un sentido performático, reconociendo las escalas de mérito por exámenes escritos y grados de formación. Los concursos son la estructura social que habilita una intensa migración de jóvenes profesionales por el país, que es gigante y tiene el interior poblado por una gran cantidad de ciudades medianas, con entre cien y quinientos mil habitantes. Brasilia tiene sus líneas rectas y curvas, y está habitada por gente de todo el país.

Para representar esa ciudad, elijo la película Terra em Transe. Dado que Brasilia es una ciudad artificial que no existe, es una ciudad en las nubes, puede ser representada por un lugar que tampoco existe. Lo que comparte la película y Brasilia es el tiempo, el marco y los eventos que dirigieron Brasil en la época en que Brasilia fue inaugurada.